miércoles, 30 de noviembre de 2011

Pórtate bien

El santo y seña de la marca "United Colors of Benetton" ha sido siempre la de imprimir color en la vida de la gente y en sus ropas. De esta forma se convirtió en la primera marca textil que comercializó  multitud de suéteres de distintos colores de tonalidades pastelosas.
Cuando Luciano Benetton presentó en Estados Unidos su marca de ropa,  llevaba más de 20 años vendiéndola con gran éxito, en toda Europa.
Y para que su marca ganara notoriedad en el nuevo continente, Luciano se alió con un controvertido fotógrafo llamado Oliviero Toscani, y juntos  realizaron una serie de polémicas campañas de imágenes impactantes no relacionadas con la ropa vendida por la compañía, como escenas de gente muriendo de sida, multitudes en pánico saltando de un barco que se está hundiendo o  de grupos de personas de varias etnias, haciendo énfasis en el contraste entre personas blancas y negras, pero a la vez haciendo ver que todos somos iguales.
Creo que el marketing y la publicidad pueden convertirse en arte a la hora de vender una idea, un producto o un servicio. No sé si Luciano y  Oliviero son buenos profesionales, pero lo que nunca me parecerán son unos buenos creativos.
Tenían un buen producto asociado a un mundo de colores y de diseño juvenil y recurrieron a la polémica para dar a conocer su marca.
Buscar la notoriedad recurriendo a la  polémica, ya sea a través del sexo,  el miedo, la repugnancia o la falta de respeto hacia las distintas religiones, oficios, costumbres o razas, siempre me ha parecido algo facilón, simple y carente de toda creatividad.
Pero sobre todo me parece carente de ética.
Los profesionales del marketing y la publicidad buscamos la venta a través de la satisfacción de una necesidad común presente en el público al que nos dirigimos. Calmar nuestra sed, ahorrar, pertenecer a un grupo de personas, son necesidades que en muchas campañas mostramos, para en la propia campaña decirles “yo soy la solución a tu necesidad”.
En la gran mayoría de las veces utilizamos la psicología para influir en las personas y en su comportamiento.  Buscamos convertir nuestra empresa, producto o servicio, en un gran líder al que la gente siga.
Un líder traza un camino por el que nos gustaría andar. Buscamos alguien o algo que vaya delante nuestro indicándonos que piedras hay en el camino, pero como vamos detrás de él no queremos que este huela mal.
Cuando un amigo nos traiciona dejamos de seguirle, ya no confiamos en él, ponemos en duda su ética, decimos que nuestro amigo no se portó bien. Ya no nos dejamos influir por él.
Porque somos un medio de influencia muy poderoso, porque buscamos influir en las personas, porque creemos que las personas que compran nuestros productos son más felices que las que no lo hacen, debemos siempre tener cierta ética en nuestras campañas.
La idea genial huye de la polémica para ser notoria. La idea mediocre, al no tener ninguna otra virtud, necesita de la polémica para ser recordada.
Cuando a un hijo, amigo o incluso a un desconocido, le decimos “pórtate bien” lo que le queremos trasmitir es que si se comporta de una forma diferente a como lo está haciendo, tendrá menos probabilidad de hacerse daño. ¿Por qué correr el riesgo de lastimar la imagen de nuestro producto, nuestra campaña o nuestra compañía?
Piensa dónde te gustaría vivir, ¿en un mundo de anuncios polémicos y  “benettonianos” o en un mundo de anuncios creativos y geniales?.
Que pases un buen día.

viernes, 18 de noviembre de 2011

¿Dónde estoy?

Decía el recientemente fallecido Steve Jobs que quedarse en paro después de ser despedido de la compañía que él mismo fundó, fue lo mejor que le había pasado en su trayectoria profesional. De la misma forma, no me avergüenzo en confesar que por dos ocasiones, también yo, llegué a estar en paro.
Los motivos y las causas, ahora desde la distancia, poco importan.
Lo que importa es la reacción que tuve en ambas ocasiones haciéndome tres preguntas que creo que todas las personas deberíamos hacernos varias veces en la vida: ¿dónde estoy o quién soy? ¿a dónde quiero o quería llegar o ser? ¿Y cómo voy a llegar o a ser?
El marketing es como la vida. A la hora de realizar cualquier campaña nos hacemos las mismas preguntas.
Los objetivos son la respuesta de la segunda pregunta.
La respuesta de la última pregunta la dan las estrategias de comunicación y las distintas acciones y medios utilizados para comunicar los mensajes que queremos transmitir.
Pero ¿qué pasa con la primera de las preguntas? ¿No debería ser respondida antes que las otras dos?
En muchas empresas esta pregunta es obviada. A nadie le gusta ver que realmente la meta se encuentra más lejos de lo que se creía. Y, por supuesto, a nadie le gusta ver que ha estado corriendo en dirección contraria a la meta…
El primer punto a desarrollar en todo Plan de Marketing es el de “Análisis de la situación” y este análisis en la mayoría de los casos se hace de puertas para adentro, - pues es más sencillo, fiable, medible y económico - cuantificar, analizar y sacar conclusiones sobre mi propia actividad. Pero si quiero en una caminata por la montaña llegar sano y salvo  a un refugio, además de revisar las zapatillas, el abrigo y los guantes, también debería saber si lloverá.
Ya adelanté en el escrito “Trátame mejor” la importancia de conocer y preguntar a nuestros clientes sobre nuestra empresa y /o nuestros productos. A esto tenemos que añadir la opinión que el mercado pueda tener sobre nosotros, y si además añadimos el análisis que hicimos sobre nuestra empresa, podremos entonces responder a la pregunta ¿Dónde estoy o quién soy?
Como conclusión contaré una pequeña anécdota infantil.
De pequeño tuve un libro de preguntas cuyas respuestas parecían siempre simples desde un punto de vista lógico, pero realmente todas las soluciones encerraban una forma distinta de pensar. Recuerdo una pregunta que decía: - Si quiero ir a Sevilla, ¿qué dirección he de tomar? ¿Norte o sur?-. Mis amigos y yo al ser de y vivir en Madrid corríamos a responder “sur!”
Y la respuesta correcta era: “Depende de dónde estés”

Que pases un buen día.