viernes, 30 de diciembre de 2011

Cinco marcas de leche

Cuando tenía 11 años, puede que alguno más o alguno menos, mis compañeros de clase y yo jugábamos a mantener pellizcado el pecho de algún otro compañero al que se le pedía que nombrara cinco marcas de leche. La gran mayoría de las veces los nervios te impedían recordar más de cuatro y al final, mediante una brusca torsión del cuerpo, conseguías deshacerte de aquella persona que te estaba provocando un gran dolor.
Y ahora pregunto: ¿cuántas marcas de leche se comercializan en España?
A lo largo de este blog he ido dejando distintas opiniones sobre los hábitos de compra del consumidor o cliente y del papel que las marcas tienen en éstas.
Antes, ser el primero en lanzar algo al mercado, ya fuera un producto, un servicio o un concepto, era sinónimo de éxito en las ventas. Bajo esta premisa las empresas hacían grandes inversiones en I+D con la esperanza de ser siempre las primeras en mostrar la última novedad al consumidor.
Ahora vivimos más que nunca tiempos de copias, en donde ni las patentes ni el registro de la propiedad intelectual parecen poder proteger al original. Las copias no sólo surgen rápidamente, sino además aparecen más baratas, pues éstas no tienen que amortizar los gastos de I+D del precursor. No estoy hablando de aquellos productos de las llamadas marcas blancas cuya venta queda en manos del distribuidor, me refiero a aquellos que con menor inversión, pueden incluso superar en prestaciones al original, y que aunque suelen poseer una marca comercial totalmente desconocida para el consumidor pueden superar en ventas a la empresa que invirtió tiempo y dinero en una idea original, corriendo el riesgo de desaparecer o terminar entre otros productos de prestaciones y ventas muy inferiores.
Hoy en día  debido a la gran inseguridad  económica existente, el recuerdo de un producto va altamente ligado a su precio de venta final. Anteriormente cuando el coste de adquisición o mantenimiento era elevado, recordábamos sus prestaciones, pues es la primera estrategia psicológica que utilizamos a la hora de justificar cualquier compra. Ahora, cuando las prestaciones parecen ser las mismas o los productos son tan complejos que  nos es difícil distinguir uno bueno de uno malo, corremos el riesgo de que el único factor determinante para la elección de un producto u otro sea el precio.
Pero no está todo perdido (entiendo por perdido entrar en una guerra de precios) pues aunque barato, necesitamos seguir justificando nuestra compra a través del conocimiento de lo que compramos. Cuando queremos adquirir un producto, buscamos -a igualdad de características- la marca que recordamos. Es en este momento cuando la marca influye en la decisión de compra.
En estos tiempos, cuando las redes sociales, los foros y la “transparencia”  de la información, dan al boca a boca más importancia que nunca, transmitir una marca es más fácil que transmitir sus características.

Ya sea a través de la publicidad, la comunicación o a través de una gran estrategia de impulso en el canal de distribución, una gran imagen de marca consigue más ventas y cada vez en un plazo menor de tiempo. Y digo en un plazo menor de tiempo porque ahora cuando las campañas buscan obtener ventas de forma casi inmediata, parece que construir una gran imagen de marca es un camino costoso y largo que se aleja de cualquier estrategia de ventas o marketing.
Nada más lejos de la realidad. Se puede trasmitir una gran imagen de marca sin renunciar a las ventas. Pero este es un tema que trataré en otro escrito.
A la pregunta del principio os diré que existen más de 47 marcas diferentes de leche y seguramente sólo recuerdes las que compras… ¿o compras las que recuerdas?
Que pases un buen día.