sábado, 31 de marzo de 2012

Si no te veo no te recuerdo

A la hora de meditar,  Buda prefería sentarse con los ojos abiertos o incluso hacerlo mientras caminaba, en vez de quedarse inmóvil, sentado en el suelo con las piernas entrelazadas y las muñecas apoyadas sobre las rodillas.
Y elegía hacerlo así porque él entendía que en el Yoga la finalidad última de la meditación es la integración con la vida que nos rodea. Y si dejamos en parte de percibirla –al cerrar los ojos- no podremos integrarnos.

Cuando vemos a alguien hacer yoga, podemos pensar que esta persona está “en otro mundo” o se encuentra absorta en sus pensamientos, cuando seguramente ésta tiene una mayor percepción de lo que le rodea que cualquiera de nosotros en otra situación. Para ello, mediante el ejercicio y la concentración,  el “yoguista” potencia los dos principales sentidos que posee el cuerpo humano: la vista y el oído.

En el Yoga son los sentidos los que buscan el entorno.
En el marketing es el entorno el que busca los sentidos.

El ser humano se encuentra sobresaturado de impactos, sobresaturado de información, sobresaturado de tentaciones y al final sobresaturado de compras.
Pero empezando por el final, en una situación económica como la que estamos viviendo, el consumidor no puede permitirse sobresaturarse de compras. Ahora ha aprendido a hacerse fuerte frente a las tentaciones, a escoger la información que le interese y como quien se tapa las orejas ante una gran traca de petardos, a hacer oídos sordos a los impactos que sucedan alrededor.

Hay empresas que siguen pensando  de una forma “espermatozoica” la fecundación de un solo cliente justifica 300 millones de impactos.
Otras piensan de forma “in vitro”: si se tiene localizado al público objetivo, un solo impacto debe valer.

Yo prefiero que sea la “calidad” del impacto la que haga su trabajo.
Y la “calidad” del impacto vendrá determinada por la influencia que éste tenga en los dos principales sentidos mencionados anteriormente, vista y oído.
El sentido del oído es el más desarrollado e importante del ser humano y es el que más influencia ejerce sobre la memoria. Si queremos que el consumidor nos recuerde de entre todos los impactos recibidos, éste parece ser el sentido que debemos utilizar para potenciar nuestras campañas.
Nada más lejos.

El lenguaje, una canción, una dirección o un teléfono activan diversas partes del cerebro y entre ellas, el lóbulo frontal y el temporal, relacionado con las emociones que hacen llorar, reír y despertar el placer sexual. Un mismo sonido puede gustar a unos y desesperar a otros. Y en una comunicación cada vez más global, mejor no arriesgarse.
Nos queda la vista.

A través del sentido de la vista también ejercitamos la memoria. Sabemos cómo llegar a nuestra casa desde la calle y reconocemos la puerta de entrada. Saludamos a alguien porque la recordamos.
También podríamos decir que una imagen puede gustar o provocar rechazo.

Pero si hay algo por lo que debemos elegir la vista como el sentido a utilizar y a potenciar  en nuestras comunicaciones, es por su capacidad de impacto, por su capacidad de sorpresa.
Y porque como se menciona en el dicho popular: “una imagen vale más que mil palabras”

Si queremos resaltar nuestro producto, servicio o empresa en un mercado cada vez más saturado, debemos utilizar el impacto visual como eje de nuestras comunicaciones, a través de una imagen original, a través de un slogan sencillo y gracias a una asociación de ideas clara y rápida.
¿Cómo conseguir el impacto visual en nuestra comunicación?

La respuesta a esta pregunta es algo que trataré en el próximo artículo.
Que pases un buen día.

viernes, 23 de marzo de 2012

Te espero

A veces me gusta analizar el mensaje que puede encerrar una palabra o una frase situada en uno u otro contexto. Gracias a este análisis puedo encontrarme con el slogan de la próxima campaña que decida poner en marcha.
En esta ocasión os invito a analizar la frase: “te espero”.
Ésta puede enunciarse de forma imperativa, cuando la persona que lo pronuncia se queda inmóvil donde está, o de forma enunciativa, cuando va acompañada de una locución de tiempo o lugar: “te espero en el ascensor” o “te espero a las 17 horas en el bar de enfrente”.
Desde el punto de vista del emisor, cuando un amigo, un familiar o un compañero de oficina nos dice: “te espero…” nos está expresando su deseo de volver a vernos y de seguir viviendo con nosotros una serie de experiencias. Nos está diciendo que le agrada nuestra compañía y que quiere seguir relacionándose con nosotros.
Por otro lado donde se dan el mayor número de reacciones positivas hacia la comunicación es en el receptor, pues aunque éste puede no acudir a la cita simplemente informando al emisor de que no irá a la misma, su normal aprobación hace que comience a  pensar sobre las situaciones que vivirán en un futuro próximo.
Si  en la adolescencia, a la salida del colegio, la chica o el chico que nos gustaba nos decía: “te espero en la parada del autobús” nuestra imaginación volaba tan alto y tan rápido como los nervios que nos recorrían la espalda.
Y como he dicho en otras ocasiones,  el marketing es como la vida misma.
Hoy, escuché en la radio que Nokia acabada de patentar un parche -como los de nicotina- que adherido a la piel ejerce la función del vibrador del móvil al entrar una llamada. Novedoso, ingenioso y práctico.
Pero lo que me llamado la atención es que Nokia no tiene desarrollado ningún parche. ¡Sólo ha patentado la idea!
En un mundo tan competitivo como el tecnológico, Nokia se ha adelantado a su competencia sin tener desarrollado el producto. Si dentro de unos meses otro fabricante que no sea Nokia saca al mercado algo similar, seguramente pensaremos: “ya se lo han copiado a Nokia, seguro que no es tan bueno”.
Nokia ha conseguido, al condicionar nuestra mente, desplazar a la competencia. Y lo ha hecho con un simple comunicado de prensa.
Pero hay más.
Nokia ha sido capaz de decir a los consumidores de telefonía: Espera unos meses a que desarrolle el producto. Espera a que lo saque a la venta. Espera para comprármelo. Nos ha despertado el deseo de poseer algo, incluso antes de que exista. Y lo ha hecho también a través de un simple comunicado de prensa.

Mientras tanto dejaremos volar nuestra imaginación con el parche vibrador al igual que dejábamos volar nuestra imaginación con la chica del instituto, y seguramente, al igual que entonces, será mejor lo imaginado que el resultado final.
Ok. La idea es buena. Se le podía haber ocurrido a cualquiera.
Empezar a comunicar el producto antes de que exista es una idea mejor.
Y si además lo haces con coste cero, al servirte de los comunicados de prensa, la estrategia me parece genial.
Estrategia clásica, simple y muy efectiva.

Que pases un buen día.
Espero que te haya gustado.

jueves, 15 de marzo de 2012

Cuéntame algo

Creo que a todos, en alguna ocasión, nos han dicho: “cuéntame algo”.
Esta petición suele venir de algún amigo o de alguien cercano que quiere que le contemos alguna historia para, por lo general, rellenar un espacio de tiempo que empezaba a ser aburrido o carente de contenido.
Dicho de otro modo, esta frase la dice alguien que quiere entablar una conversación con nosotros. Para muchas relaciones es el inicio de todo. Comienzas contando alguna anécdota y poco a poco pasas a narrar historias cada vez más complejas e íntimas. 
Esto es lo que sucede en las redes sociales.
Un buen día tu empresa -después del consiguiente análisis- decide que debes estar en un “entorno social” y, para ello creas una comunidad de fans con la que interactuar.
Pones en marcha las distintas campañas para promocionar, por ejemplo, la nueva página de facebook y en unos días te encuentras “charlando” con tus clientes o posibles clientes. En poco tiempo estas delante de un gran número de personas que se han declarado “fan” de la empresa en la que trabajas sólo por una sencilla razón: quieren que ella (la empresa) les cuente algo.
Ese algo puede ser un consejo, una noticia, un concurso o una solicitud. Puede ser algo de la empresa o algo del mercado en la que opera. Puede tener relación con sus productos o con sus trabajadores y puede querer abrir un debate o cerrar una discusión.
Pero siempre, como en toda conversación, debes ser tú el que maneja lo que quieres contar y cuando lo quieres contar.
Saber qué es lo que quieres contar te lo dirá la propia actividad de tu empresa y la imagen que de ésta quieras dar al público al que te diriges.
Conocer cuándo tienes que contar las cosas es algo que te vendrá sugerido por el mercado en el que te mueves y por tu competencia. Este análisis te servirá  para planificar las diferentes comunicaciones que quieras “lanzar” al mercado.
Por último estaría el conocer cómo contar esa información que solicitan tus seguidores.  Cómo contar las cosas es algo que si bien no puedes decidir, si es algo que puedes controlar.
Saber qué, cómo y cuándo hablar a tu seguidores, es saber qué les seduce, es saber cómo enamorarles y es saber cuándo es el momento ideal para declararles nuestra “amistad”. Amistad que el mismo consumidor demanda a través de las redes sociales.
Cuanto más hablemos y mejor sean nuestras conversaciones más amigos seremos.
Y al principio como en toda relación, deberemos hablar mucho y a menudo para consolidar nuestra amistad.
Pero eso es otro tema.
Que pases un buen día y si quieres… cuéntame algo.