A la hora de meditar, Buda prefería sentarse con los ojos abiertos o incluso hacerlo mientras caminaba, en vez de quedarse inmóvil, sentado en el suelo con las piernas entrelazadas y las muñecas apoyadas sobre las rodillas.
Y elegía hacerlo así porque él entendía que en el Yoga la finalidad última de la meditación es la integración con la vida que nos rodea. Y si dejamos en parte de percibirla –al cerrar los ojos- no podremos integrarnos.Cuando vemos a alguien hacer yoga, podemos pensar que esta persona está “en otro mundo” o se encuentra absorta en sus pensamientos, cuando seguramente ésta tiene una mayor percepción de lo que le rodea que cualquiera de nosotros en otra situación. Para ello, mediante el ejercicio y la concentración, el “yoguista” potencia los dos principales sentidos que posee el cuerpo humano: la vista y el oído.
En el Yoga son los sentidos los que buscan el entorno.
En el marketing es el entorno el que busca los sentidos.El ser humano se encuentra sobresaturado de impactos, sobresaturado de información, sobresaturado de tentaciones y al final sobresaturado de compras.
Pero empezando por el final, en una situación económica como la que estamos viviendo, el consumidor no puede permitirse sobresaturarse de compras. Ahora ha aprendido a hacerse fuerte frente a las tentaciones, a escoger la información que le interese y como quien se tapa las orejas ante una gran traca de petardos, a hacer oídos sordos a los impactos que sucedan alrededor.Hay empresas que siguen pensando de una forma “espermatozoica” la fecundación de un solo cliente justifica 300 millones de impactos.
Otras piensan de forma “in vitro”: si se tiene localizado al público objetivo, un solo impacto debe valer.Yo prefiero que sea la “calidad” del impacto la que haga su trabajo.
Y la “calidad” del impacto vendrá determinada por la influencia que éste tenga en los dos principales sentidos mencionados anteriormente, vista y oído.El sentido del oído es el más desarrollado e importante del ser humano y es el que más influencia ejerce sobre la memoria. Si queremos que el consumidor nos recuerde de entre todos los impactos recibidos, éste parece ser el sentido que debemos utilizar para potenciar nuestras campañas.
Nada más lejos.
El lenguaje, una canción, una dirección o un teléfono activan diversas partes del cerebro y entre ellas, el lóbulo frontal y el temporal, relacionado con las emociones que hacen llorar, reír y despertar el placer sexual. Un mismo sonido puede gustar a unos y desesperar a otros. Y en una comunicación cada vez más global, mejor no arriesgarse.
Nos queda la vista.A través del sentido de la vista también ejercitamos la memoria. Sabemos cómo llegar a nuestra casa desde la calle y reconocemos la puerta de entrada. Saludamos a alguien porque la recordamos.
También podríamos decir que una imagen puede gustar o provocar rechazo.Pero si hay algo por lo que debemos elegir la vista como el sentido a utilizar y a potenciar en nuestras comunicaciones, es por su capacidad de impacto, por su capacidad de sorpresa.
Y porque como se menciona en el dicho popular: “una imagen vale más que mil palabras”Si queremos resaltar nuestro producto, servicio o empresa en un mercado cada vez más saturado, debemos utilizar el impacto visual como eje de nuestras comunicaciones, a través de una imagen original, a través de un slogan sencillo y gracias a una asociación de ideas clara y rápida.
¿Cómo conseguir el impacto visual en nuestra comunicación?La respuesta a esta pregunta es algo que trataré en el próximo artículo.
Que pases un buen día.