miércoles, 25 de abril de 2012

Vente conmigo

Este fin de semana, ordenando mis cajas del trastero  apareció mi primera libreta de teléfonos. Allí, entre las hojas amarillas de la adolescencia, reposaban los teléfonos de muchos amigos olvidados y varias chicas huidas de mis recuerdos.
Recuerdo que cada teléfono era un trofeo y en el caso de los primeros amores significaba la victoria de una gran batalla.
Al final de mis años de estudiante seguramente tenía la libreta de teléfonos más envidiada y estúpida del colegio, y digo estúpida porque después de captar la atención de alguna niña nunca me atrevía a llamarla para convencerla de que podría ser su chico y así fidelizar nuestras citas.
Ahora, años más tarde, veo que muchas empresas cometen el mismo error adolescente.
Concursos, vales descuentos, premios directos, clubes de puntos, tarjetas de  fidelización… etc. son algunas de las  muchas maneras que existen para averiguar  nuestro nombre, nuestros apellidos, nuestro teléfono, dirección postal, e-mail, fecha de nacimiento e incluso nuestros gustos y costumbres, datos que variarán en función del producto a adquirir o adquirido y la campaña de captación realizada.
En definitiva, distintas promociones desarrolladas e ideadas por los departamentos de marketing  que buscan conseguir el mayor número posible de  contactos  a los que hacer en un futuro,  una comunicación dirigida  a la venta.
Y muchas de ellas consiguen, con gran éxito, captar un importante número de datos de personas realmente interesadas en los productos promocionados. Pero la falta de recursos, de organización  o de acciones de gestión de su propias BBDD, les conduce a una “timidez empresarial” que les impide comenzar un probable  romance con sus futuros clientes.
Muchos pensarán que es imposible contactar con tantos pretendientes a la vez.
A ellos les respondo que gracias al análisis de los datos obtenidos es posible identificar a aquellos pretendientes que, siendo líderes de opinión, además de jurarte amor eterno por muy poco, van a hablar bien de ti, multiplicando así el número de personas deseosas de  tu llamada.
Pero,  sin una correcta organización comercial, muchos cansados de esperar tu llamada, se irán con otro de la clase. Pero esto es otra historia.
A la hora de realizar cualquier campaña intentemos no dejar olvidada en un trastero la BBDD obtenida, pues una buena captación de datos tiene los mismos objetivos que por entonces tenía mi adolecente agenda de teléfonos: captar para convencer, convertir y fidelizar.
Que pases un buen día.

viernes, 13 de abril de 2012

El tamaño sí importa

Podría afirmar que el mercado cada vez está más saturado de productos destinados a satisfacer nuevas necesidades creadas o rescatadas de la mente del consumidor, pero como el adjetivo “saturado” tiene, la mayoría de las veces, una connotación peyorativa, mejor diré que hoy en día es muy difícil encontrar una necesidad que no pueda ser cubierta por un producto en concreto.
El problema - si alguien lo quiere ver así - no es la cantidad de productos destinados a satisfacer nuestras necesidades, sino la cantidad de productos similares existentes para satisfacer una misma necesidad. Productos muy parecidos en calidad, prestaciones y precio en los que la única diferencia  para el consumidor es la marca.
Cómo  hacer que una marca sea la escogida por el consumidor, puede deberse a un montón de factores. De potenciar cada factor se ocupan las distintas disciplinas del marketing.
Pero para aquellos profesionales de marketing o para aquellas empresas con menos recursos, o que teniéndolos buscan la forma más efectiva de incrementar su imagen de marca, hay una manera sencilla e históricamente muy efectiva.
El tamaño.
El tamaño siempre ha importado. En el anterior artículo os argumentaba las razones por las que de todos los sentidos,  el de la vista es el más influyente a la hora de estimular al consumidor hacia la compra de nuestro producto.
El tamaño importa y cuanto más grande a la vista mejor.
Hace tiempo acudí a una conferencia sobre la importancia del tamaño a lo largo de la historia y en las diferentes culturas. Era una charla que nada tenía que ver con el marketing. Las personas de las sillas de al lado eran en su mayoría antropólogos, sociólogos e historiadores.
La Venus paleolítica con su anatomía exageradamente desarrollada, las grandes pirámides egipcias, el gran coliseo romano, las imponentes catedrales góticas, son solo algunos de los ejemplos de la importancia del tamaño en la sociedad a lo largo de los siglos.
La altura de los grandes rascacielos, las grandes infraestructuras e incluso la media de la estatura humana son ejemplos actuales de lo mucho que significa para nosotros el “cuanto más grande mejor”.
Cómo ya argumenté en el anterior artículo, debemos utilizar el impacto visual como eje de nuestras comunicaciones, utilizando en éstas una imagen original, un slogan sencillo y una asociación de ideas clara.
Y a la pregunta, que entonces os lancé, de cómo conseguir el impacto visual en nuestra comunicación, he de responder que  la marca sólo quedará resaltada de entre todas las de la competencia por el tamaño. ¿Se han fijado que en los nuevos modelos del fabricante de coches Mercedes Benz, la estrella, símbolo de su marca, ahora es más grande que antes?
Os sorprenderíais de los resultados que obtiene, en cuanto a ventas se refiere, el simple aumento del espacio destinado para la impresión del logo o del nombre de la marca sobre el envoltorio o packaging del producto.
La próxima vez que vayáis al supermercado, observen cómo los nombres de las marcas ocupan un gran espacio en el envase del producto. Y cuanto más conocida es la marca más grande son sus rótulos en el envase.

Que pases un buen día.